viernes, 28 de septiembre de 2012

El fin del día Uno


Viene el segundo recreo de diez a quince minutos. Voy por el segundo cigarro. Ahora me dicen que toca “del terror” con los alumnos de primero medio. Son irónicos entre ellos y con los demás, aparte de no prestar nunca atención a nada. Sol me indica que debo aplicar las mismas dos actividades que en el primer grupo. Comienzo con un training fuerte. Los hago correr, saltar, jugar al momia es. Aplicar velocidad, ritmo, plano medio, alto y bajo. Luego, los hago aplicar la imaginación para el estado de algunas acciones: en la montaña, en la selva, en la nieve, en una situación de miedo. No ha pasado ni cuarenta minutos y estoy agotada.  Sol debe tomar una evaluación que implica motricidad gruesa y coordinación, que consiste en un esquema realizado con dos palos de escoba que simula una lucha entre dos alumnos. Observo el desempeño y es bastante bajo. Sol me explica que no hacen nada en las clases de Educación Física y al parecer el profesor tampoco los motiva. Me pide que realice las actividades de la improvisación en parejas y el gesto con la coreografía grupal. En el caso de la improvisación en parejas da un resultado mediocre, por lo fome de los grupos y la rapidez con que quieren mostrar los trabajos “para salir luego del tema”. No importa, los motivo a que continúen con el gesto, una frase tìpica que los represente y la presentación individual para la posterior coreografía. Esta coreografía debo presentársela a Sol Montanaro. A ella, se van sumando los alumnos que terminan de dar la evaluación, ya que el trabajo del comienzo fue efectuado por alumnos que ya habían dado la prueba de la simulación de la lucha. La coreografía se realiza tres veces y cada vez que se realiza se les exige mayor impostación de voz, a la vez que exactitud y rigor en los movimientos. Deben ser exagerados. Y se logra, pero no en todos. Culminamos la actividad con un abrazo grupal y les digo que cada día deben ser mejores. Algunos, casi la mayoría, me comenta que sólo quiere ser feliz.
Me enfrento al tercer recreo y ya son las 13:00 horas. La mañana se me ha pasado volando. Y francamente, estoy agotada y totalmente del lado de los profesores, incluso los profesores de mi colegio, los mismos que hice sufrir yo con mi indiferencia total. “Me da lo mismo”, era mi frase típica y creo que para ellos también lo es.
El cuarto grupo, el último, son cinco alumnos, tres hombres y dos mujeres. Sol me dice que son trabajadores, aplicados y tienen talento, lo que, me doy cuenta, facilita de sobremanera la docencia teatral. Hacemos un training rápido y comenzamos con trabajo de voz, impostación, proyección, intención. Dentro de la intención les voy dando características en el juego “decir como” : abuelito, niño, estudiante revolucionario,  doctor, cura, entre otros. Logran cambiar la intención y veo que lo relacionan con una postura y una actitud determinada. Nos reímos harto, hay buen ambiente de trabajo. Aplico la actividad de la improvisación en parejas y el resultado es sorprendente. Son ingeniosos y creativos. A estos sí que hay que sacarles el jugo.
Ha terminado mi jornada de práctica. Es mi primer día. Estoy agotada, pero feliz. Deseo, al salir del colegio y prender un cigarro, que mi trabajo fuera únicamente en torno al teatro. Soy feliz, pero si así fuera, sería inmensamente feliz. Y acá estoy, acordándome de los colets que quiero llevar, de la radio, de buscar música y crear nuevos juegos para incentivar a estos chicos. Ah! y no olvidarse de filmar y grabar =)

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