Ese día estaba nerviosa. Como nunca me
desperté a las 6:45 de la mañana. Luego, descubrí que más que nervios eran
ansias por comenzar luego. No sabía a lo que me iba a enfrentar. Bueno, tenía
claro que iba a trabajar con adolescentes entre 16 y 19 años, que cursan la
enseñanza media en el Colegio Wexford, al que llegué recomendada por mi amigo
sicólogo Fernando Calderón Godoy, quien trabajó en ese lugar hace unos años. La
tarea no me parecía nada fácil, pero confiaba en lo que yo llamo un instinto
natural para trabajar para y por la gente, cosa que es común a la mayoría de
los actores y actrices. Mal que mal fui adolescente y sé perfectamente que esa
etapa es complicada para todo ser humano.y más aún para chicos que tienen una
personalidad complicada, que los han echado de otros colegios, que no tienen
buen rendimiento académico y que, en realidad, viven el momento y no se
preocupan por el mañana. Esto último que he dicho tiene que ver con la
incapacidad de reaccionar frente a las exigencias de la vida cotidiana, lo que
se refleja muy bien en la conducta que tienen dentro del colegio. Pero vamos
por parte.
Llegué cinco
minutos para las 8 de la mañana. En las afueras del colegio me topo con dos
profesores y Constanza, una de las inspectoras, quienes me dicen que puedo
fumarme un cigarro antes de entrar. Converso con el profesor de filosofía. Me
dice que esté tranquila, que a pesar de todo, o sea TODO, igual escuchan, pero
hay que imponerse con voz de mando y una actitud firme. También me entero que
no trabajaré sola, ya que hay una profesora del área, que es actriz de la
desaparecida Escuela de Teatro Facetas, su nombre es Sol Montanaro. Presiento
que será un largo día, ya que mi jornada de práctica comienza a las 8 am hasta
las 14 horas con la realización de ocho horas pedagógicas, dos horas para cada
curso. Ese día es el día de las Artes, que están dentro de la malla curricular
de la Enseñanza Media y en este colegio ellos pueden optar, dentro de lo
obligatorio que implica esto, lo que más se acerque a su interés, entre Artes
Visuales, Teatro y Música. Sabía que iba a tener cuatro grupos heterogéneos
entre sí. La profesora oficial tiene excelente disposición y me ve como una
partner, de hecho me propone que hagamos la clase a medias, entre actividad y
actividad. Me aclara que no se dan tareas ni se pasa materia propiamente tal,
ya que los conceptos se entregan a partir del juego porque es la única forma en
que internalicen lo que uno les quiere entregar. Las tareas no se dan porque se
asume que no las hacen. Es decir, cero disposición y el trabajo de estimular y
apoyar viene en un ciento por ciento del docente. Ojo, no hay una sala para las
clases de teatro, ya que son en el patio y en invierno incluso en la biblioteca
porque no hay espacio y las salas están ocupadas.
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