Continúo con el segundo curso, el cuarto
medio, que sólo tiene una alumna, Daniele, que quiere estudiar Teatro. Como es
la única alumna decido que le vamos a sacar el jugo. Sol me dice que le cuesta
pero se autoexige, lo que no deja de ser positivo. Todas las clases comienzan
con una rutina de yoga. Creo que propondré un training más entretenido y por lo
mismo, como no hay un equipo de música en la escuela, me ofrezco a traer el mío
para la próxima semana y bajar música por internet para animar el calentamiento
corporal de los chicos. No es que no haya equipo de música, no hay uno
apropiado para las clases de teatro, que sea pequeño y fácil de transportar.
Con Daniele, luego del
precalentamiento, decido trabajar la
emoción. Llegar a la emoción. Daniele está tensa y le cuesta desligarse del
mundo real hacia la imaginación. La hago trabajar con el tema del laberinto. Ella,
debía imaginarse que estaba dentro de una encrucijada, batía los obstáculos y
cuando llegaba al centro, debía encontrarse con un personaje, el que ella
quisiera, incluso lo podía inventar o imaginar. Daniele cumplió cada una de las
etapas del proceso, pero al llegar al final del laberinto se encontró con ella
misma, en una situación triste, ligada al alejamiento que tiene con su madre y
la mala relación que tiene con su padre. Hubo que entrar a hacer un trabajo de
contención. Abrazarla. Simplemente abrazarla y ayudarle a volver a su emoción
inicial. Le costó, pero pudo. Me costó, pero pude. Posteriormente le pregunto a
la alumna qué emoción es la que más le cuesta trabajar a lo que me responde que
la rabia. Entonces trabajamos con la rabia, para ello recurro al uso del animal
como instrumento que lleva a la emoción, por lo tanto esa rabia la
transformamos en una pantera muerta de hambre que necesitaba una presa para
poder estar tranquila. Realizamos el trabajo pertinente hasta que el
aprendizaje esperado fue medianamente logrado. Tuve que hacer de chanchito para
que eso sucediera. No obstante, creo que en el trabajo de ella influyó el que
no tuviésemos sala para poder trabajar. Estábamos en el patio y los alumnos de
artes visuales ya empezaban a salir, a meter bulla, a jugar a la pelota sin
ningún respeto por nuestra clase. Las llamadas de atención sólo funcionan en la
medida que se llega a gritar. Una vez que logramos algo de calma podemos
trabajar mejor. Le doy como “tarea” o
mejor dicho un estímulo para el interés, que se fije en cómo caminan los gatos,
como se mueven los felinos, de qué manera reaccionan y si puede, en la tele,
ver el rostro de un felino cuando está con rabia.
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